Carta de Fundador

“Emprendedurismo”: una palabra de moda, mas no así el concepto. Desde siempre los seres humanos hemos ambicionado mejores cosas y nos es intrínseco el deseo de crear y crecer. A los emprendedores de ayer les debemos el status de confort que disfrutamos hoy.

Pero no hay emprendimiento maduro que prescinda de la perseverancia. Sin ella nos negaríamos oportunidades a nosotros mismos y a los demás, después de equivocarnos una y otra vez, o cuando no se cumplieran los primeros planes. Dejaríamos de aprender, porque no siempre entendemos a la primera o a la segunda; ni rectificaríamos porque muchas cosas cambian constantemente y es necesario desaprender y partir de cero. Y ni qué decir para mejorar, porque perfectible es todo aquello que se pule constantemente.

También para ser ético hay que ser perseverante, pues actuar apegado a lo que es correcto no siempre rinde un fruto inmediato, en cambio muchas veces sí implica un esfuerzo mayor. Y es que hasta para amar se necesita perseverancia, porque hasta la persona más especial o la causa más apasionante tiene una cara que no agrada tanto, pero que no justifica el deseche constante.

Emprender y sumarle perseverancia no es una ecuación de resistencia. Librar una batalla contra uno mismo para hacer el trabajo, es un síntoma de estar temporalmente en el emprendimiento equivocado o de tener un talento innovador para engrandecer ideas ya existentes o materializarlas, lo cual también es necesario y maravilloso.

No existe la categoría de emprendedor cortoplacista; quien emprende y deserta en forma rápida y repetida queda descalificado. Lo que sí existe es el derecho a intentar, caer y levantarse para volverlo a intentar y esto aplica para cualquiera de las caras del emprendedurismo -crear, engrandecer o implementar- para todo, la perseverancia no puede faltar.

Opino que la palabra “emprendedurismo” pasará de moda y vendrán más términos modernos, pero el concepto de perseverancia lo conocemos desde niños y es el aire que a través de nuestro oficio quisiéramos insuflar en nuestros clientes y en nuestros jóvenes.

No es cierto que el mundo es de los audaces, ni de los inteligentes, ni de los adinerados. Nunca he visto que el mundo sea de nadie. Sí sé que quienes perseveran en hacer algo bueno reciben lo necesario para construirse un mundo propio lleno de satisfacción, que contagia y se lega aún sin proponérselo.

Ing. Luis Sanabria Ramírez, M. Sc.
lsanabria@suplidoraverde.com